Septiembre

Septiembre

Empieza el nuevo curso académico en este mes y parece que recomienza todo  otra vez.

Nos movemos por ciclos o etapas. Han pasado las vacaciones y la vida laboral nos reclama. Creo que esta diferenciación entre tiempo de trabajo y de descanso es artificiosa. Cada persona puede vivir con la máxima intensidad posible, independientemente de los meses. Aunque es cierto que por hábito y tradición cultural las vacaciones suelen ser en los meses de calor.

La curiosidad, el afán de saber, de crear, de interesarse por lo que a cada uno  le gusta no tiene periodo del calendario asignado específicamente. La infinidad de cosas que podemos hacer en la vida no precisan de límites temporales predeterminados para su realización. Parece deseable lograr una realidad vital plena cada día con los límites obvios que imponen las circunstancias y las condiciones sociales.

La auténtica existencia no entiende de periodos, ya que lo natural y lo lógico es que sea algo constante y continuo. Si bien un buen número de personas consideran que únicamente viven como quieren  o  plenamente durante las vacaciones. Lo que supondría, aparentemente, que en el resto del año en sus trabajos viven de forma muy limitada.

Creo que existen los términos medios y el equilibrio. Puede parecer razonable tomarse las cosas con calma y no diferenciar excesivamente el tipo de vida según se disfrute de las vacaciones o se esté en el trabajo. No son cosas absolutamente opuestas, al menos, en algunos sentidos.

Quizás, uno de los grandes retos posibles y plausibles es lograr disfrutar en la actividad laboral. Por ejemplo, en el caso de los profesores está claro que comunicar conocimientos es muy gratificante y orientar en el aprendizaje también. Además, si pensamos en los médicos se puede tener presente la alegría de la que deben gozar al ser útiles a los demás en la lucha contra las enfermedades y el dolor. Los escritores gozan con la creativa combinación de palabras para expresar ideas, sentimientos, descripciones, etcétera y son artistas de un lenguaje que puede llegar a ser en sus escritos maravilloso. La imaginación es el extraordinario impulso o fuerza que hace posible todo.

Se está creando en el puesto de trabajo y esto es, por sí mismo, algo muy positivo. La contraposición entre el negocio y el ocio que deriva del antiguo mundo romano cada vez va perdiendo más razón de ser, a mi juicio. Estamos en una era digital en la que todo adquiere, en cierto sentido, un carácter lúdico. Afrontar las responsabilidades y obligaciones de forma racional y con rigor no está reñido con una actitud coherente y sensata desde un enfoque realista de la realidad y de sus condiciones y características. Uno de los valores más importantes es, en mi opinión, la perseverancia. Con él se logra prácticamente todo.

Antes de desaparecer físicamente conviene hacer muchas cosas y no todo consiste en divertirse o, dicho de otro modo, existen numerosas maneras de disfrutar siendo creativos y haciendo también lo que realmente queremos. Ese es el gran reto vital que puede, sin duda, ser conseguido.

Ser y hacer lo que deseamos es el fin principal de la vida o así lo entiendo yo. Contando con las limitaciones consustanciales propias de lo que nos rodea y de las situaciones en las que estamos inmersos.

Por tanto, una de las grandes claves de una gran existencia es la fuerte lucha y el apasionamiento en la persecución incansable de lo que pretendemos lograr. Y la ilusión y el optimismo deben guiar nuestros pasos en el camino vital.

Estamos hechos de tiempo. Tomemos conciencia de la importancia del mismo y no lo derrochemos como diría Séneca. La escala de las preferencias humanas puede ser diversa, pero creo que existen actitudes en las que existe un consenso generalizado acerca de su extraordinaria significación para una existencia auténtica y grande. O podemos conformarnos con el simple consumismo sin mayores expectativas ni esperanzas. Todo depende de la mentalidad de cada persona. Por supuestos las muy diferentes formas de vivir son respetables y son el resultado de  la libertad.

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