Por fin la Humanidad se arrepiente hoy de la esclavitud de ayer

Por fin la Humanidad se arrepiente hoy de la esclavitud de ayer

He visionado la película “12 Años de Esclavitud”.  Solomon Northup un hombre afroamericano, casado y con dos hijos. Goza de una buena posición. Con la excusa de ofrecerle un trabajo, y aprovechando la ausencia de su familia, dos traficantes le secuestran y es vendido como esclavo. A lo largo de 12 años pasará por diversas plantaciones sureñas, sirviendo a distintos amos. No perderá la esperanza de recobrar la libertad, pero la supervivencia pasa por no mostrarse como alguien con educación. Tiene el dilema moral de cuál debe ser su reacción ante las injusticias de las que es testigo.

Formidable película, quizá el mejor drama que se ha filmado sobre la esclavitud en Estados Unidos. Se basa en una historia real, que contó el propio Solomon Northup en un libro publicado en 1853. Steve McQueen aplica con realismo las penalidades de un hombre libre reducido al estado de esclavitud y poder hacer nada para impedirlo, lo que supone una inmersión en el infierno de algo socialmente aceptado, disponer de las personas como una propiedad. Hay mucha crudeza en varios pasajes pero justificable y medianamente elegante.

Lejos de su guionista John Ridley caer en la sensiblería. Hay un esfuerzo claro por la objetividad, se procura penetrar en la época sin condenas explícitas, ya sea el del propietario buena persona pero con problemas económicos; el capataz pendenciero; el depravado dueño de una plantación, y su no menos corrupta esposa, por los celos que alimenta hacia una esclava que es violada por su marido. Mientras que entre los esclavos las actitudes oscilan entre el extremo de la desesperación y el intento de la huida.

McQueen demuestra maestría en la composición de muchos planos que son verdaderas obras de arte. Dos ejemplos sorprendentes, el de la carta que arde quedando reducida a unos rescoldos, y finalmente llevando a la oscuridad, algo en lo que casi coincide el estado anímico de su autor; o el del esclavo semiahorcado, sosteniéndose de puntillas para no ahogarse, mientras alrededor sus compañeros, despojados de la libertad, despliegan una inusitada actividad.

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