La ética profesional de la televisión se ha puesto en entredicho tras los programas que regalan bebés, sortean órganos y graban borracheras

La ética profesional de la televisión se ha puesto en entredicho tras los programas que regalan bebés, sortean órganos y graban borracheras

Existen programas televisivos que se empeñan en demostrar que la televisión puede llegar hasta límites insospechados. Son muchos los ejemplos de programas que se encargan de dejar en el olvido que la pequeña pantalla es para entretener y enseñar. También debe colaborar en la formación intelectual y moral. No podemos olvidar que el periodista debe ser constructor de la verdad y defensor de la libertad.

Uno de los programas de mayor audiencia de la televisión paquistaní entrega, en adopción, bebés procedentes de una entidad benéfica, Chhipa. “Es una forma de concienciar a la sociedad paquistaní sobre la necesidad de no abandonar a los bebés como si fueran animales”, dijo Ramzán Chhipa, director y fundador de la asociación. El programa en cuestión reúne cada noche a millones de espectadores bajo la dirección de Aamir Liaquat Husein, la mayor estrella televisiva del país, que mezcla religión y entretenimiento conquistando a los espectadores. El programa incorporó en los últimos días una novedad: la entrega, en directo, de bebés a sus nuevos padres.

“Mañana o pasado habrá otro bebé, un niño que acabamos de encontrar en la basura”, añadió Ramzán Chhipa tras recalcar que en el futuro seguirán dando sus niños a través de la televisión. También recalcó en que su entidad no recibe ninguna cantidad de la cadena televisiva y que la iniciativa es puramente benéfica y de concienciación social. El polémico magacín “Amán Ramadán” (Paz en ramadán), que, diariamente, llena seis horas de prime time en la cadena Geo, es la versión extendida del programa de entretenimiento de Liaquat Husein.

Así mismo, Holanda se ha convertido en el centro de todas las críticas al lanzar «De Grote Doner-show» –«El show del donante»–. El espacio consiste en seleccionar, a través de diversas pruebas, cuál de los tres concursantes enfermos conseguirá el premio final: un riñón.

Por último, en Estados Unidos el programa que más polémica ha levantado fue «Intervention», espacio que durante nueve temporadas sólo pedía un requisito a sus participantes: ser adictos. Alcoholismo, anorexia, ludopatía o drogadicción. Todo valía para exhibir a los concursantes delante de una cámara. El único propósito: mostrar las borracheras y fiestas nocturnas de los adolescentes.

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