El reloj del fin del mundo

El reloj del fin del mundo

Parece ser que desde 1947 el Boletin de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago, realiza unos cálculos para indicar a cuántos minutos estamos de la media noche, es decir, del final del mundo, de la Humanidad. Parece ser que para este año estaríamos a una distancia de dos minutos. También se ha denominado Reloj del Juicio Final.

Empezó intentando ser una especie de autoevaluación, en la cual, el mayor peligro era la guerra nuclear, pero en décadas posteriores, se han ido añadiendo otros peligros posibles como cambios climáticos, nuevas aportaciones tecnológicas, etc.

Ante esta especulación o hipótesis o modelo o posibilidad un modesto articulista como el que redacta estas líneas se plantea que puede indicar, qué puede expresar, aún sabiendo sus propias limitaciones.

– Desconozco como se cocinan los datos y los argumentos y las razones, para situar diríamos esa temporalidad, qué peligros o que realidades o qué entidades para deducir e inducir esos datos. También desconozco qué cálculos se pueden realizar y qué fiabilidad puedan tener estos.

Pero sea la que sea la certeza de estas hipótesis, si es cierto que nos presentan diríamos una realidad subyacente, es que la humanidad ahora, ahora mismo, puede ser autodestruida, diríamos por dos tipos de factores, uno diríamos una heterodestrucción debida a factores naturales, un megaterremoto, un meteorito, etc., por poner dos realidades posibles. Ante la cual, la humanidad debe buscar soluciones posibles, para disminuir los efectos o erradicarlos.

En segundo lugar, por un conjunto de factores y variables, que podríamos denominar socioculturales o sociohumanos.

Qué sean dos minutos como para este año se ha fijado o sean diez, o treinta minutos, que en el ranking de estas décadas, parece ser que jamás lo han puesto, lo máximo es una docena de minutos. Sea una cifra o sea otra, si podemos y debemos modestamente reflexionar sobre estas cifras, causas, variables, realidades posibles, etc.

– Como no sirve ninguna filosofía, como nos diría Epicuro que no intente curar algún mal humano, indicaría lo siguiente:

A mi modo de ver, lo primero que hay que hacer es ser consciente, que la humanidad puede desaparecer, analizar este problema o cuestión, como cualquier otro, no entrar en dramatismos, ni tragedias, ni en concepciones apocalípticas mitológicas o similares, sino analizar esta cuestión lo más empírica y científicamente posible.

Si este primer paso sucediese, y se invitase, de forma discreta a toda la comunidad humana, especialmente científica de todo el planeta, de todas las culturas, ideologías, religiones, etc., quizás la humanidad empezaría a acumular una cantidad de datos, razones, argumentos, que podrían ser el principio de solución o de respuestas. Y éstas razones y datos aporradas lo antes posible. Sin menoscabo de las aportaciones que pudiesen presentar otros saberes ortodoxos, como la filosofía, etc.

Entiéndase lo que voy a indicar, por muy grave que sean las veinte grandes motivos o razones de fallecimiento en el mundo, las enfermedades clásicas y otras, no cabe duda, que este problema, es tan real o más que esas causas de fallecimiento, porque si alguna vez se produjese esta eventualidad, la humanidad tal y como la conocemos podría desaparecer, o al menos, una gran parte de ella, con consecuencias imprevisibles e inimaginables.

Por lo cual, sería necesario que de forma discreta, se creasen programas de investigación en multitud de universidades del mundo, para afrontar este problema y esta cuestión, desde todas las ramas del saber ortodoxo actual humano, desde todas las filosofías-ideologías-culturas-religiones…

Dicho lo anterior, creo que “el motivo fundamental y esencial de la disfuncionalidad estructural humana”, o dicho de otro modo, “de la competitividad brutal de la humanidad”, no es esencialmente económica o política o militar, que esto sería diríamos la consecuencia, la raíz fundamental y esencial de las desavenencias humanas, es simplemente las ideas y conceptos que la diversidad de culturas-ideologías-filosofías-mentalidades-religiones-civilizaciones tienen entre sí, de sí mismas y de las demás.

En mi modesto entender y comprender, que puedo estar equivocado, pueden existir, aparente y realmente, razones económicas, demográficas, políticas, militares, étnicas, sociales y todos los demás parámetros, pero además de éstas, el núcleo central de las desavenencias de todos los conflictos humanos, al menos, uno de los factores más esenciales y fundamentales, las raíces, siempre han sido, aunque no solo, conceptuales-ideológicas-filosóficas-culturales-religiosas, es decir, de ideas-conceptos-mentalidad.

A esa razón fundamental se ha añadido razones demográficas-económicas-históricas, expresados en intereses-fines de todo tipo.

Para esto, he indicado en otros artículos, a mi modo de ver, se debe intentar realizar una especie de Summa actual, al estilo de la edad media, en la cual, por departamentos o temáticas o disciplinas, se analizarían miles y docenas de miles de cuestiones, aplicando razones, argumentos, a favor y en contra.

O dicho de otro modo, “crear una masa de preguntas y cuestiones, de argumentos y razones de forma sintética, entendible para todo el mundo”, en el cual, cualquier cuestión, teórica o práctica se analice, y de ese modo, se puedan crear puentes de entendimiento y comprensión, entre todas las ideologías y culturas y religiones y filosofías y civilizaciones del mundo.

Es decir, que los humanos vayan creando puentes de entendimiento entre sí, y que las ideas-conceptos-mentalidades no sean la mecha esencial o el núcleo esencial, que ponga en funcionamiento las otras ruedas del enfrentamiento o confrontación, es decir, la economía-política-demografía-etc.

Por supuesto que habría otras medidas, pero de momento, creo que con estas dos son suficientes para la reflexión sobre este tema o cuestión.

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