El sexo y la violencia en publicidad no son rentables

El sexo y la violencia en publicidad no son rentables

El contenido sexual en publicidad podría no ayudar tanto como creen los anunciantes. Recientes investigaciones apuntan que este tipo de anuncios eróticos pueden llegar repercutir negativamente en las ventas.

El primer anuncio impreso en el que aparecía una modelo desnuda fue lanzado en 1936 por la marca de productos de higiene personal Woodbury Soap.

Un nuevo estudio publicado por Psychological Bulletin. Brad Bushman, profesor de comunicación en la Universidad Estatal de Ohio y coautor del estudio, declara que la razón de que el sexo y la violencia en publicidad atraigan nuestra atención se fundamenta en la teoría evolutiva, pues se trata de una serie de respuestas necesarias para la supervivencia del ser humano..

El autor manifiesta que “los anunciantes creen que el sexo y la violencia venden, por lo que compran espacio publicitario durante los programas más violentos y con mayor cantidad de contenido sexual. Como consecuencia, los productores siguen creando este tipo de programas para atraer los ingresos publicitarios”.

El sexo en publicidad ha sido objeto de estudio en multitud de ocasiones. Bushman y Robert Lull encontraron 1,869 artículos sobre la respuesta del consumidor al sexo y la violencia. Los investigadores eliminaron los informes que no aludían directamente a la reacción del público, no estaban testados en grupo y no se referían específicamente a los efectos provocados en el consumidor.

El autor afirma que el sexo y la violencia no funcionan en publicidad. De hecho, “puede llegar a distraer y provocar que la gente no recuerde el producto. Si el contenido del programa es violento o sexual, los espectadores tendrán una menor predisposición a la compra de aquello que en él se anuncia”.

Si realizamos una segmentación demográfica, encontramos que las mujeres tienden a recordar los anuncios más provocativos, mientras que los hombres se distraen con el sexo y la violencia y no recuerdan el producto.

La conclusión es que las marcas que se publicitan usando contenidos sexuales o agresivos serán menos recordadas, menos valoradas y obtendrán peores resultados que las aquellas que prefieren anunciarse en medios que valoren los contenidos éticos.

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