Dante Pesce, RSE: La nueva frontera de la excelencia

Dante Pesce, RSE: La nueva frontera de la excelencia

Como director de Vincular, en Chile, Dante Pesce es reconocido como una de las máximas autoridades en América Latina sobre Responsabilidad Social Empresarial, tanto en lo académico como en la práctica. La presente entrevista nos demuestra porqué. 

El boom de la RSE

En los últimos años y, sobre todo, al comenzar el nuevo milenio, se desató un enorme boom de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), al que no han sido ajenos los países latinoamericanos.

Se trata, además, de una visión moderna de la RSE, más allá de la simple filantropía, que logró extenderse a organismos como Naciones Unidas, la Unión Europea y la ISO -Organización Internacional de Normalización, por su sigla en inglés-, donde ya hay una norma en tal sentido: ISO 26000, similar a las relacionadas con la calidad y el medio ambiente.

“Para la ISO, RSE es la nueva frontera de la excelencia, como en los años 50 lo fue el movimiento de la calidad, todo ello en el marco del desarrollo sostenible”, explica al respecto Dante Pesce, director de Vincular, prestigioso centro de investigaciones de la Universidad Católica de Valparaíso, en Chile.

En efecto, Vincular es un centro de investigaciones especializado en RSE, campo en el que presta servicios de consultoría a empresas, los cuales incluyen desde capacitación de líderes hasta desarrollo de herramientas de gestión, a modo de “manuales paso a paso”, basados en la experiencia práctica más que en el conocimiento académico.

Su director, Dante Pesce, destaca que Vincular ha tenido un acelerado crecimiento desde un principio en respuesta a la demanda cada vez mayor en el mercado empresarial, donde la RSE surge a su vez por múltiples razones que comprenden las presiones de la opinión pública y los beneficios que generan los proyectos desarrollados en las propias empresas.

Según él, lo que ahora hay es un déficit de know how, o sea, cómo hacer RSE en sentido estricto, si bien antes la situación era peor, de conocimiento, al confundirse con caridad o filantropía. Hoy, pues, se conoce mejor el tema, pero no cómo hacer negocios en los distintos ámbitos que le competen: gobierno corporativo, prácticas laborales y prácticas justas con contratistas y proveedores, así como cierto compromiso con la comunidad.

“Hoy se impone una visión moderna de la RSE”, insiste.

Buenas prácticas

Pero, ¿qué es la RSE en opinión de Pesce, uno de los más respetados especialistas en la materia en América Latina? He aquí sus respuestas.

La RSE es, ante todo –según él-, un conjunto de buenas prácticas que deben estar presentes en la política de la empresa, desde su visión y misión hasta sus principios, pasando por lo que es propiamente el gobierno corporativo y llegando a la operación misma de la compañía.

Es, entonces, una cuestión transversal, instalada al interior de la empresa en sus múltiples áreas, y debe ser pertinente, de manera que las citadas prácticas se relacionen con la actividad productiva específica que la empresa desarrolla.

Ahora bien, es claro que muchas firmas tienen tales políticas y planes estratégicos, los cuales suelen revisarse cada año. ¿Qué ocurre, por tanto, cuando carecen de una política de RSE, sin que ésta aparezca formulada en su misión o visión? La respuesta es obvia: ¡hay que agregarla!

Que es el primer paso -anota-, el cual implica la toma de conciencia de la alta dirección empresarial siempre y cuando quieran, desde la junta directiva y la presidencia, la gerencia o la dirección general, ser reconocidos como socialmente responsables a la luz de parámetros internacionales, contemplados, por ejemplo, en el Global Reporting Initiative –GRI-.

“Si no hay convicción de los líderes sobre la RSE y la sostenibilidad, es muy difícil que puedan liderar en tal sentido a su organización”, advierte Pesce mientras observa que dicho liderazgo no puede ser ejercido por los mandos medios.

Reclama, pues, que los directivos estén en sintonía con lo que ocurre en el mundo, tengan la visión debida de largo plazo (o sea, la sostenibilidad) y asuman el papel protagónico que les corresponde dentro de la empresa y ante la sociedad.

“Para eso les pagan”, observa en tono crítico, a modo de reclamo. Y agrega: “Esa es su función normal”.

Los siete ámbitos

Lo anterior es todavía bastante teórico, se dirá. Pero, ¿cómo afrontar la RSE en la práctica? ¿Cómo hacerla?

Antes de contestar, Pesce precisa que ahí no existe pleno acuerdo a nivel mundial, aunque sí se ha llegado a un consenso acerca de los ámbitos que comprende al menos en la citada guía voluntaria de la ISO.

Son siete ámbitos, a saber: 1- Gobierno corporativo; 2- Prácticas laborales; 3- Prácticas ambientales; 4- Prácticas de derechos humanos; 5- Prácticas operacionales justas; 6- Asuntos de consumidores, usuarios o clientes, y 7- Compromisos con la comunidad y el desarrollo social.

El primero, sobre Gobierno Corporativo, establece los parámetros (misión y visión, principios y códigos de ética o conducta) sobre los cuales la empresa se gestiona, avanza y es evaluada por los stakeholders o grupos interesados: empleados, clientes, proveedores, comunidad…

Los otros ámbitos son operativos, referentes a la gestión del negocio: en sanas prácticas laborales, que los trabajadores las confirmen a cabalidad, no que simplemente la empresa diga que las tiene; en prácticas ambientales, también según parámetros internacionales como la norma ISO 14000, “que es un buen indicador”; en derechos humanos, lejos de limitarse a cumplir los convenios de la OIT o normas locales, sino actuar con respeto ante la formación de sindicatos por el derecho de asociación, sin discriminación y con incentivos a empleados como desarrollo profesional o capacitación.

En cuanto a las prácticas operacionales justas, implica asimismo respeto a contratistas y proveedores, garantizando igualdad de oportunidades, pago a tiempo, no abusar de la posición dominante y desarrollar la cadena de valor excelente; a clientes o consumidores, darles adecuados servicios post venta, rotulación pertinente y, en especial, que en los contratos “la letra chica no sea tan chica”, sin hacerles trampa.

Por último, están los compromisos con la comunidad, por ejemplo en planes educativos, de empleo, salud y medio ambiente, casi siempre en alianza con gobierno, universidades y ONGs, lo cual genera -dice- múltiples beneficios.

Estrategia corporativa

No es difícil, a partir de lo anterior, trazar una estrategia de RSE en una empresa, más aún cuando ésta, cualquiera sea, posee en general un plan de desarrollo, políticas laborales, preocupación por el medio ambiente, relaciones con contratistas y proveedores, clientes y más clientes, todo ello en un contexto donde hay muchas expectativas sobre su actividad productiva.

¿Qué falta, entonces, si casi todas las empresas tienen tales políticas y prácticas, así sea de manera informal, que cobijan temas característicos de la sostenibilidad y la RSE?

“Falta ponerles una estructura. Más ciencia, si se quiere. O construir un sistema”, afirma Pesce, recordando su vasta experiencia en consultoría, educación de líderes e investigación para el desarrollo de herramientas de gestión en RSE.

Cuestiona, en fin, que tales prácticas estén dispersas, sin integrarlas alrededor de una estrategia corporativa: urge, en consecuencia, la coordinación de acciones, sea en un área o en un departamento de la empresa (que considera “lo más probable”), y propone crear comités de RSE en las compañías, donde se agrupen las distintas gerencias (de personal o recursos humanos, administrativa, financiera, etc.).

En ocasiones hay una gerencia que coordina, como es la de recursos humanos, agrega no sin aclarar que las empresas son casi siempre reacias a la creación de nuevos cargos, como no sea en las grandes o multinacionales, donde es habitual que exista la gerencia de RSE o la superintendencia de sostenibilidad, siempre con la misión de coordinar, dado el carácter transversal de los programas.

Por su parte, las pequeñas y medianas empresas -Pymes- se encadenan, para ser socialmente responsables, a las más grandes, las cuales suelen “sugerirles”, por ser sus mayores clientes, que adopten prácticas de buen gobierno, ambientales o sociales en sentido estricto.

“Los gremios empresariales juegan ahí un papel clave, de liderazgo y orientación”, dice.

Costos y beneficios

“¡Ese es un mito! ¡No es cierto que la RSE sea sólo para empresas grandes y sea costosa!”, es la expresión tajante de Pesce al escuchar que muchas compañías, en especial Pymes, se abstienen de adelantar programas sociales por sus costos elevados.

Al contrario, en su trabajo con este sector ha encontrado que, al implementar los sistemas de gestión en RSE, confirman después la reducción sustancial de sus costos por factores como los menores accidentes de trabajo y conflictos laborales, el aumento de productividad, las mejores relaciones con proveedores, clientes y prestamistas, y el mejor desempeño en las relaciones comerciales.

“Más que costos -asegura-, es una inversión, una inversión inteligente, que además atrae a los inversionistas”.

“Es un gana-gana”, sostiene con entusiasmo.

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