‘El Caso. Crónica de sucesos’. La serie de TVE pretende ser original pero falla en su tratamiento periodístico

‘El Caso. Crónica de sucesos’. La serie de TVE pretende ser original pero falla en su tratamiento periodístico

El Caso. Crónica de sucesos, emitida los martes a las 22,15 por TVE-1, se basa en las historias reales publicadas por el famoso diario de sucesos. En una época marcada por la censura y trabajos poco limpios, la serie recrea la atmósfera brumosa de una redacción que siempre va dos pasos por delante de la policía. Me imagino que será muy corto el recorrido de esta serie.

Sobre un conflicto de fondo –el asesinato de Asun y la amistad truncada entre Camacho y Expósito– se desenvuelven los casos, uno en cada capítulo, de un tiempo mucho menos sofisticado que el actual. He aquí gran parte de la gracia de esta ficción. La sólida ambientación está llena de detalles reconocibles por los que vivieron cuando las redacciones estaban viciadas por el humo del tabaco, repletas de máquinas de escribir y la composición de un periódico era un trabajo de artesanía.

De la misma forma, los procedimientos de investigación son dependientes de la suerte, la constancia y la imaginación de sus protagonistas. Se vuelve a la rústica imagen del detective que obtiene información a base de puñetazos, chantajes, casualidades y capacidad de observación, con algunas dosis de imprudencia y audacia.

El periodismo contrastado por el que aboga El Caso.

Crónica de sucesos choca con la actual actividad periodística, que ha puesto al mismo nivel la noticia y el rumor. Sin embargo, no deja de ser una paradoja que, en su momento, el diario en el que se inspira la serie gozara de una fama nada elogiable. Y es que la ficción es ficción y, en este caso, los guionistas han utilizado su derecho de contadores de historias.

En su terreno, los personajes se determinan a conciencia y, por ahora, son pocos los detalles que se dejan al azar.

El Caso. Crónica de sucesos, devuelve la confianza al espectador que ya no creía en la ficción española, sencilla pero bien hecha, dirigida a un público adulto y de gustos diversos y sin grandes pretensiones. También, la música, el compás sesentero de la época que se traslada al ritmo narrativo y la trabajada puesta en escena, completan los setenta minutos en los que se relata cada historia.

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