Eterno proceso sin paz: el proceso de paz israelí-palestino

Eterno proceso sin paz: el proceso de paz israelí-palestino

Por Büşra Nur Özgüler

El proceso de paz israelí-palestino, como uno de los temas más importantes en el Medio Oriente, ha abarcado más de dos décadas. Aunque ciertas iniciativas han sido tratadas múltiples veces, desafortunadamente no se ha logrado convertir en algo concreto los grandes temas conflictivos, ya sea que tengan que ver con las fronteras y los asentamientos, el estatus de Jerusalén, o el derecho de los refugiados palestinos de volver a Israel.

Una vez más, un acuerdo de paz entre Israel y Palestina ha sido iniciado en julio del 2013 por el Secretario de Estado de los EE.UU., John Kerry. Sin embargo, viendo que no había un gran interés de las partes involucradas, estas conversaciones no se convirtieron en prioridad ni para Israel, ni para la Autoridad Palestina (AP). No obstante, esto no fue demasiada sorpresa, si se toman en consideración acontecimientos no deseados para Israel ocurridos en años recientes, tales como los acuerdos de reconciliación entre Fatah y Hamas firmados en El Cairo (2011) y en Doha (2012) y el otorgamiento a Palestina, por parte de la Asamblea General de la ONU, del estatusde Estado observador no-miembro, el 29 de noviembre del 2012. Obviamente, ambas partes no estaban deseosas de negociar e inevitablemente las conversaciones fracasaron una vez más. Dado un ambiente así, todavía no está claro por qué se aventuró Kerry.

Fútiles intentos de paz desde el pasado hasta el presente

El primer acuerdo cara a cara entre el gobierno israelí y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) fue visto con los Acuerdos de Oslo de 1993. Aunque fueron vistos como reconocimientos “mutuos”, eran en realidad desiguales debido a la “disparidad en el estatus de los firmantes– uno era un Estado, el otro una organización” [1]. Sin duda, los temas importantes que pueden ser definidos como las esencias del conflicto: Jerusalén, los refugiados palestinos, los asentamientos israelíes, la seguridad y las fronteras, quedaron irresueltos. Aún así, el primer ministro israelí Yitzhak Rabin, el ministro israelí de Relaciones Exteriores Shimon Peres y Yasser Arafat recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1994, gracias a sus esfuerzos para crear paz en la región.

Mientras continuaron los esfuerzos para alcanzar la paz, la atmósfera de desconfianza entre palestinos e israelíes persistió también. Tanto los Acuerdos de Camp David, como el Acuerdo de Ginebra del 2003 estaban condenados a fracasar y así sucedió. A pesar de que el primer ministro israelí Ehud Olmert y el presidente de la AP, Mahmoud Abbas, se reunieron 36 veces entre diciembre del 2006 y la mitad de setiembre del 2008, el conflicto entre Hamas e Israel escaló en el 2008. Por dos años subsiguientes al conflicto, no hubo iniciativas para la paz. En septiembre del 2010, a fin de lograr un “acuerdo final sobre estatus” para el conflicto israelí-palestino, Obama, Netanyahu y Abbas se juntaron para negociar directamente. Sin embargo, las conversaciones se cortaron cuando Netanyahu se rehusó a extender la moratoria de la construcción de asentamientos en la Ribera Occidental, a menos que la AP reconozca a Israel como un “Estado Judío”, mientras que los líderes palestinos se negaban a continuar las negociaciones bajo estas condiciones.

Las negociaciones de paz israelí-palestina de 2013-14

Las conversaciones comenzaron el 29 de julio del 2013 en Washington, D.C. con la mediación de Kerry. Se esperaba que llevarían nueve meses, hasta el 29 de abril del 2014, para que las negociaciones pudieran arribar a una conclusión. El proceso iba a ser mantenido en secreto entre las partes. El enviado especial de los EE.UU. para las conversaciones fue Martin Indyk, quien anteriormente había sido embajador de los EE.UU. en Israel. El negociador en jefe de Israel fue Tzipi Livni, quien encabeza el Partido Hatnuah y actualmente ocupa el cargo de ministro de Justicia de Israel. El negociador en jefe para los palestinos era Saeb Erakat, quien también había negociado los Acuerdos de Oslo.

En adición a varias reuniones de los mediadores, el mismo Secretario Kerry visitó la región más de diez veces, zigzagueando entre las partes desde julio del 2013 en adelante. Sin embargo, parece que estos esfuerzos fueron ineficaces, lo cual incrementó las pocas ganas de negociar de Israel y los palestinos y la desconfianza sobre las intenciones entre unos y otros. Aparte de los temas irresueltos que se han puesto de manifiesto desde el comienzo del proceso de paz, los temas más sobresalientes de las negociaciones recientes han girado en torno a las fronteras y los prisioneros palestinos.

¿Tierra a cambio de paz y resolución del conflicto?

El tema de las fronteras es fundamental para Israel, porque ellos tienen ciertas preocupaciones sobre seguridad y tienen como meta ser reconocidos como una nación-estado judía. Por lo tanto, Israel rechaza fuertemente el reconocimiento de las fronteras pre-1967, por más que los palestinos insistan en ellas. Esto se puede ver en las aseveraciones del negociador israelí, de que no habrá un estado basado en las fronteras de 1967 y que la Pared de Separación va a constituir un límite. Además, los legisladores israelíes de línea dura amenazaron con retirarse del gobierno si las fronteras de 1967 son aceptadas, mientras que las “palomas” declararon que ellos tomarán el lugar de quienes se retiren, para impedir que se disuelva el gobierno.

Con respecto al tema de la frontera, los asentamientos israelíes marcan uno de los temas más polémicos para ambas partes. Desde el comienzo de las negociaciones más recientes, más de 3.000 nuevas casas fueron construidas en los asentamientos de la Ribera Occidental, la Franja de Gaza y Jerusalén oriental. También, una cantidad de nuevos proyectos edilicios y el financiamiento para docenas de asentamientos fueron aprobados en esos territorios por el parlamento israelí. Como resultado del continuo aumento del número de asentamientos, la delegación palestina abandonó las negociaciones, aduciendo la “escalada en la construcción de asentamientos” [2]. A pesar de esto, Rami Hamdallah, primer ministro desde el 2013, anunció que ellos continuarían participando de las conversaciones hasta la fecha límite de abril de 2014.

En febrero de 2014, como un gesto de buena voluntad con respecto a los asentamientos en la Ribera Occidental, Israel supuestamente expresó su disposición a desistir del 90% de sus reclamos territoriales sobre la Ribera Occidental, pero los negociadores palestinos insistieron en que ellos deberían recibir por lo menos el 97% de eso [3]. Más que demostrar su generosidad, en realidad este gesto simplemente mostró que Israel aspira a un 10% del área territorial de la Ribera Occidental. No obstante, Israel trató de presentar su rechazo a las demandas palestinas como si los palestinos no estuvieran buscando una solución y reclamaran el territorio entero de Israel. Al actuar así, Israel también se refirió a los anteriores rechazos de los líderes palestinos en 2000-2001 y en 2007.

Con respecto a los territorios de la Ribera Occidental, algunos israelíes también trataron de legitimar la anexión por medio de “la herencia antigua” y la “guerra legítima”. Por ejemplo, algunos prefieren utilizar los términos “Judea y Samaria”, antes que “Ribera Occidental”, y al hacerlo, tratan de crear la percepción de que estas tierras  pertenecen históricamente a Israel. Además de esto, Israel trata de legitimar su presencia en la Ribera Occidental, argumentando que ellos le conquistaron ese territorio a Jordania en una “guerra legítima”, en 1967. De esta manera, al mismo tiempo, ellos apoyan la idea de que la tierra en discusión jamás fue parte del estado palestino.

Los debates finales con respecto a las fronteras sobrevinieron luego de que la AP expuso nuevas condiciones para extender las conversaciones, en respuesta a la demanda de Israel. Una de esas condiciones era que Israel reconozca los límites pre 1967, como las futuras fronteras del estado palestino, con Jerusalén oriental como su capital.

Esta condición incluía un completo cese en la construcción de asentamientos. [4]. Sin embargo, ni las fronteras pre 1967, ni la suspensión de las construcciones, especialmente en Jerusalén, eran aceptables para el pueblo y los funcionarios israelíes.

¿Prisioneros palestinos o “terroristas”?

Mostrando una diferencia con respecto a conversaciones anteriores, el tema de los prisioneros palestinos fue clave en las recientes negociaciones. Sin duda, el lado palestino presentó la liberación de los prisioneros como un prerrequisito para las conversaciones. Más tarde, se acordó la liberación de 104 prisioneros palestinos, condenados antes de los Acuerdos de Oslo de 1993. A cambio, los palestinos prometieron detener sus esfuerzos diplomáticos en busca de un reconocimiento pleno como estado miembro de la ONU. Consiguientemente, se cerró un trato para realizar la liberación en cuatro etapas. Los prisioneros comenzaron a ser liberados, en primer lugar, el 14 de agosto, en segundo lugar a fines de octubre y en tercer lugar el 31 de diciembre. La cuarta liberación nunca llegó a hacerse.

Para algunos israelíes, la liberación de prisioneros era inaceptable, por cuanto ellos los consideraban como terroristas. Asimismo, al referirse a los prisioneros muchos no dudaban en usar duros términos, llamándolos  “brutales asesinos masivos” y aseveraban que ellos tenían “sangre en sus manos”. Aún más, Israel consideraba que el tema de los prisioneros era casi tan importante como el tema de las fronteras definitivas. En realidad, Israel no piensa que la liberación de los prisioneros iba a mejorar las chances para la paz. Además, ellos no veían a cambio de ello un beneficio claro. Por esta razón, Netanyahu fue acusado de “vender nuestra sangre como un gesto, y eso es inaceptable, no habrá un cambio” [6]. Como resultado de este tipo de presión pública, sumada a ciertas preocupaciones políticas, el cuarto grupo de prisioneros nunca fue liberado.

En marcado contraste con la visión enteramente negativa del tema de los prisioneros por parte de los israelíes, el pueblo palestino y la AP los glorifica como héroes. Para colmo de males, más que la liberación de algunos prisioneros, los palestinos quieren que les devuelvan a los prisioneros, es decir personas como Marwan Barghouti (líder de la Primera y Segunda Intifada, llamado por algunos como “el Mandela  Palestino”), Ahmad Sa’adat (militante palestino y secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), una organización palestina marxista y nacionalista), y Fuad Shobaki (un funcionario financiero de alto rango en los servicios de seguridad palestinos).

Ante estas circunstancias, Israel se rehusó a liberar la cuarta tanda de prisioneros, como previamente se había acordado hacerlo el 29 de marzo. La AP interpretó la decisión de Israel en el sentido de que estaba usando las liberaciones de prisioneros como moneda de cambio, para extender las conversaciones más allá de su fecha límite del 29 de abril. Entonces, en respuesta, el 2 de abril Abbas firmó cartas solicitando el acceso a 15 convenciones internacionales (trece en la ONU, una en Ginebra y una en Holanda).  Luego de esta maniobra de la AP, la izquierda y la derecha del gobierno israelí respondieron en forma similar, concluyendo ambos que ellos no iban a negociar hasta que los palestinos retiren sus solicitudes.

Observaciones finales

La paz en el Medio Oriente, particularmente entre Israel y Palestina, no se ve en el horizonte debido a los prejuicios y la desconfianza entre los dos lados. Por esta razón, desde el mismo comienzo, el proceso de paz nunca ha arribado a un fin concreto, aún cuando había llegado extremadamente cerca de proveer soluciones. De hecho, ningún partidario de la línea dura, ni sus círculos gobernantes son capaces de interpretar correctamente la opinión pública, que apoya las negociaciones y la paz de ambos lados. De todas formas, la presión pública no fue suficientemente fuerte en las recientes conversaciones.

El proceso de paz, que está en un punto muerto, parece imposible a corto plazo en un ambiente de intolerancia mutua, que resulta del hecho que ambas partes rehúsan reconocer las demandas de la otra, los derechos o la susceptibilidad de una variedad de temas. Abundan los desacuerdos. En otras palabras, cualquier acuerdo entre las partes, cuando ambas buscan reconocimiento y legitimización, no puede ser alcanzado a menos que las dos estén listas a aceptar el relato histórico de la otra, o por lo menos no insistir en su propio relato. La única cosa necesaria para romper el círculo vicioso, es una fórmula mutuamente aceptable. Si esto no es logrado, todos los intentos seguirán siendo fútiles una y otra vez, trayendo de esta manera violencia e inestabilidad crecientes para ambas partes y para toda la región.

Notas

[1] Smith, Charles D. 2009. Palestine and the Arab-Israeli Conflict: A History with Documents. (Palestina y el conflicto árabe-israelí: Una  historia con documentos). Nueva York: Bedford/St. Martin’s. Página 434.

[2] Los negociadores palestinos abandonan en protesta. 14/nov/2013. Al-Jazeera.

[3] Gavriel Fiske. Se dice que Israel está dispuesto a entregar el 90% de la Ribera Occidental. 06/feb/2014. The Times of Israel (El Times de Israel.)

[4] Khaled Abu Toameh. Los palestinos establecieron nuevas condiciones para que continúen las negociaciones de paz. 04/mar/2014. The Jerusalem Post (El Jerusalem Post.)

[5] Raphael Ahren. Abbas: Nosotros no queremos dividir Jerusalén o inundar a Israel con refugiados. 16/feb/2014. Times of Israel (Times de Israel).

[6] Emily Harris. Qué significa para la paz la liberación por parte de Israel de los prisioneros palestinos. 31/dic/2013. NPR.

Fuente: JTW

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