Declaración sobre la política de EEUU en relación con el conflicto de Nagorno – Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, por James Warlick, Copresidente estadounidense de la OSCE

Declaración sobre la política de EEUU en relación con el conflicto de Nagorno – Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, por James Warlick, Copresidente estadounidense de la OSCE

James Warlick, Copresidente estadounidense del Grupo Minsk de la OSCE

Washington, DC. , 7 de mayo de 2014

Texto como fuera preparado

Distinguidos invitados, damas y caballeros:

Gracias por acompañarme esta mañana. Yo conozco a una cantidad de ustedes, que han actuado como asesores o cajas de resonancia para mí en los pasados ocho meses y quiero expresarles a ustedes un agradecimiento especial.

Permitan que comience por decir que no quiero reconsiderar la historia del conflicto. Nuestro objetivo debe ser encontrar una vía de avance pragmática, que traiga aparejada un acuerdo duradero.

Aunque yo les hablo hoy a ustedes como el copresidente estadounidense del Grupo Minsk de la OSCE, no hablo en nombre de los copresidentes. Mi mensaje a ustedes es una declaración de la política oficial del gobierno de EE.UU., que guía nuestro compromiso de ayudar a las partes a encontrar la paz.

Y la paz está al alcance. Las partes han llegado a un punto donde sus posiciones con respecto al camino a seguir no están tan alejadas. Ellas casi habían alcanzado un acuerdo en varias ocasiones – la más reciente fue en el 2011. Y cuando ellas inevitablemente retornan a la mesa de negociaciones luego de cada ronda fracasada, los ladrillos de construcción de la siguiente “gran idea” son similares a los de la última vez.

Hay un conjunto de principios, entendimientos y documentos ya en la mesa, que componen un acuerdo, y nadie ha sugerido que los abandonemos. El desafío es encontrar una manera de ayudar a las partes a tomar el último y audaz paso hacia adelante, para zanjar las diferencias restantes y alumbrar la paz y estabilidad que sus habitantes merecen.

Por dos décadas, sin embargo, la paz ha sido esquiva. Todos las partes desconfían, una de la otra, y una generación de gente joven ha crecido en Armenia y Azerbaiyán sin conocerse mutuamente de primera mano. Como muchos han notado, las generaciones mayores recuerdan un tiempo en que los armenios y azerbaiyanos vivieron codo a codo y no era necesario resolver las diferencias por medio del cañón de un arma.

Como Churchill cierta vez nos hizo recordar, “ustedes negocian la paz con sus enemigos, no con sus amigos”. Para todas las partes, la clave de cualquier negociación exitosa es llegar a la conclusión de que han ganado algo, y en el caso de los armenios y azerbaiyanos no hay duda de que un acuerdo va a desatar una nueva era de prosperidad a lo largo de la región. Los beneficios de la paz sobrepasan en mucho los costos del permanente callejón sin salida, y evitan las catastróficas consecuencias de renovar las hostilidades.

Armenia se beneficiaría inmediatamente con la apertura de fronteras, con una mayor seguridad y nuevas oportunidades para comerciar, viajar e interrelacionarse con todos sus vecinos.

Azerbaiyán eliminaría un impedimento clave para su crecimiento como actor en la escena internacional, centro regional de comercio y sólido socio en materia de seguridad, al tiempo que le brindaría a cientos de miles de refugiados y personas desplazadas internamente una posibilidad de reconciliación y retorno.

Las miles de personas que viven en Nagorno-Karabaj se habrían liberado de la prisión del aislamiento y la dependencia.

Un acuerdo de paz, correctamente diseñado e implementado, también eliminaría el trágico y permanente flujo de bajas – tanto militares como civiles – a lo largo de la frontera y en la Línea de Contacto. Es difícil determinar los números, pero hubo ya este año, hasta ahora, por lo menos una docena de muertos y aun más heridos en las líneas del frente. Esto es inaceptable.

No menos significativo es el enorme peso financiero que el aprestamiento militar y la creciente carrera armamentista imponen sobre los presupuestos nacionales – un dividendo de la paz que, usado más productivamente, podría ser en sí mismo un punto de inflexión tanto para Armenia como para Azerbaiyán.

La semana próxima marcará los 20 años desde que fue firmado un acuerdo de cese de fuego. Al tiempo que nos podemos orgullecer un poco por haber evitado una guerra total, también debemos reconocer que el presente estado de las cosas es inaceptable e insostenible.

Las negociaciones perpetuas, los periódicos estallidos de violencia, el aislamiento de Armenia y de la gente que vive en Nagorno-Karabaj, la frustración en Azerbaiyán y la indignación entre sus poblaciones de personas desplazadas internamente – esto no es una receta para la paz y ciertamente no es un camino hacia la prosperidad.

La gente de la región merece algo mejor.

Yo comencé este trabajo el pasado setiembre con un viaje a la región, con visitas a Bakú y Ereván para reunirme con los dos presidentes y sus ministros de relaciones exteriores. También hice un viaje adicional a Nagorno-Karabaj para reunirme con el equipo del embajador Andrzej Kasprzyk, para una misión de monitoreo de la OSCE a lo largo de la Línea de Contacto en el camino entre Agdam y Gindarj.

Me sumé al equipo en el margen occidental de la Línea de Contacto y tuve mi primer vistazo de las líneas del frente. Yo vi la sombría realidad que enfrentaban los jóvenes soldados a ambos lados de la Línea, que viven y trabajan detrás de trincheras y terraplenes, sin otra cosa que alambre de púa y minas terrestres manteniéndolos separados.

Las partes viven bajo la amenaza del fuego de francotiradores y de las minas terrestres. Hay preocupación por las vidas de las poblaciones civiles y su acceso a tierras de labranza, cementerios y edificios que resultan estar “demasiado cerca” de la Línea de Contacto o de la frontera internacional entre Armenia y Azerbaiyán.

Los observadores de la OSCE han estado trabajando durante dos décadas para custodiar la frágil paz, pero no tienen ni la autoridad, ni los recursos para poner fin a las frecuentes bajas, o incluso identificar responsabilidades.

Las partes por sí mismas reportan miles de violaciones al cese de fuego cada año, pero no hemos sido capaces de alcanzar un acuerdo sobre cualquier medio para reducir esas cifras.

También he viajado a través del mismo Nagorno-Karabaj, donde me he reunido con las autoridades de facto para escuchar sus puntos de vista. Yo planeo hacerlo de nuevo la próxima semana con otros copresidentes. No cabe duda de que cualquier acuerdo de paz duradero debe reflejar los puntos de vista de todas las partes afectadas, si es que va a tener éxito.

En las capitales yo he escuchado el mismo mensaje tranquilizador. Ambos presidentes quieren lograr un avance. Ambos coinciden que la serie de documentos que fueron negociados a lo largo de los últimos años, contienen el proyecto de un acuerdo.

Los copresidentes fueron anfitriones de los presidentes el pasado noviembre en Viena. Esta fue su primera reunión desde enero del 2012 – y la primera desde 2009 en la que se reúnen uno a uno. Nosotros nos sentimos alentados por estas conversaciones, y por su declarado compromiso para encontrar un camino hacia delante. Desde aquel tiempo nos hemos encontrado en diez ocasiones separadas, con uno u ambos ministros de relaciones exteriores encargándose de mantener vivas las negociaciones.

Esta claro, sin embargo, que sólo los presidentes tienen la capacidad de concluir un trato con consecuencias tan transformadoras para sus países. Son los presidentes quienes deben tomar los pasos audaces necesarios para hacer la paz. Los Estados Unidos han presionado a ambos líderes para que pronto se reúnan nuevamente y aprovechen esta oportunidad que se abre cuando la paz es posible.

Cuando yo hice mi primer viaje a Bakú y Ereván el pasado otoño, llevé conmigo el respaldo del presidente Obama y su reafirmación del compromiso estadounidense de trabajar por la paz, como copresidente del Grupo Minsk y un estrecho socio de ambos países. Para ese momento, los proyectos de un compromiso ya habían sido bien establecidos y mi mensaje fue que ha llegado el momento de realizar un renovado esfuerzo para traer paz a la región.

Permitan que repase con ustedes los elementos clave de ese compromiso “bien establecido”, todos los cuales han sido de dominio público desde que aparecieron en las declaraciones conjuntas de los presidentes Obama, Medvedev y Sarkozy en L’Aquila en el 2009 y Muskoka en el 2010. Estos principios y elementos conforman la base de la política de los EE.UU. con respecto al Grupo de Minsk y al conflicto de Nagorno-Karabaj.

En el corazón de un acuerdo están la Carta de la ONU, los documentos importantes y los principios centrales del Acta Final de Helsinki. En particular, nos concentramos en aquellos principios y compromisos que tienen que ver con no usar la fuerza ni amenazar con ella, la integridad territorial, e iguales derechos y autodeterminación de los pueblos.

Construyendo sobre esta base, hay seis elementos que tendrán que ser parte de cualquier acuerdo de paz, para que éste pueda durar. Mientras que la secuencia y los detalles de estos elementos quedan sujetos a negociaciones, tienen que ser vistos como un todo integrado. Cualquier intento de poner alguno de esos elementos por sobre otros hará imposible el logro de una solución equilibrada.

Sin un orden particular, estos elementos son:

Primero, a la luz de la compleja historia de Nagorno-Karabaj, las partes deberán comprometerse a determinar su estatus legal final por medio de una expresión legal vinculante de voluntades en el futuro. Esto no es opcional; el estatus interino será temporario.

Segundo, al área que está dentro de los límites de la antigua Región Autónoma de Nagorno-Karabaj, no controlada por Bakú, se le debe otorgar un estatus interino que, por lo menos, brinde garantías de seguridad y auto-gobierno.

Tercero, los territorios ocupados que rodean Nagorno-Karabaj deben ser devueltos al control azerbaiyano. No puede haber acuerdo sin respeto por la soberanía de Azerbaiyán y debe restablecerse el reconocimiento de su soberanía sobre estos territorios.

Cuarto, debe haber un corredor que una a Armenia con Nagorno-Karabaj. Debe ser suficientemente ancho como para brindar un tránsito seguro, pero no puede incluir todo el distrito de Lachin.

Quinto, un acuerdo duradero deberá reconocer los derechos de todas las personas desplazadas internamente, y de todos los refugiados a retornar a sus antiguos lugares de residencia.

Sexto y último, un acuerdo debe incluir garantías internacionales de seguridad que van a incluir una operación de salvaguarda de la paz. No existe un escenario donde la paz pueda ser asegurada sin una operación de salvaguarda de la paz bien diseñada, que goce de la confianza de todas las partes.

Ha llegado el momento para que las partes se comprometan con las negociaciones de paz, construyendo sobre la base del trabajo logrado hasta ahora. No es realista concluir que las reuniones ocasionales son suficientes por sí mismas para alcanzar una paz duradera.

Cuando comiencen tales negociaciones, las partes no sólo deben reconfirmar su compromiso con el cese de fuego, sino también tomar las muy necesarias y largamente buscadas medidas que infundan confianza.

Una vez que entremos en tales negociaciones de paz, hay una gama mucho más amplia de temas prácticos que nosotros podemos poner sobre la mesa para beneficio de todas las partes. Hay incentivos económicos y comerciales para desarrollar; lazos energéticos, de transporte y comunicaciones para reconstruir; y programas de viajes y de pueblo a pueblo, que pueden comenzar a contrarrestar las narraciones peligrosamente unilaterales que prevalecen actualmente.

Los copresidentes del Grupo de Minsk comparten el interés común de ayudar a las partes a alcanzar una solución pacífica. Nosotros tenemos la intención de continuar trabajando a través del Grupo de Minsk, como principal canal de resolución del conflicto. Los Estados Unidos y Rusia, junto con Francia, comparten el común compromiso con la paz y la seguridad en Nagorno-Karabaj. Los Estados Unidos están listos para ayudar de cualquier manera que nosotros podamos. Yo convocaría también a las comunidades de la diáspora, en Estados Unidos y alrededor del mundo, para manifestarse en pro de la paz y ayudar a ponerle fin a este conflicto.

Por supuesto, tomar el primer paso depende de los gobiernos de Armenia y Azerbaiyán. Ellos deben considerar medidas, incluso unilaterales, que demostrarán que el compromiso declarado está progresando, que hay avances, reduciendo tensiones y mejorando la atmósfera para las negociaciones. Ellos deben reducir su retórica hostil y preparar a sus pueblos para la paz, no la guerra.

Sendero II. Los esfuerzos para crear contactos de persona a persona entre azerbaiyanos y armenios, no son menos importantes para un acuerdo duradero. Los programas de este tipo podrán ayudar a los ciudadanos de ambos países a prepararse para la paz y lograr la reconciliación con el dolor del pasado. Nosotros esperamos que las partes apoyen a las organizaciones y a los individuos que están comprometidos con Sendero II y los programas de pueblo a pueblo.

Espero que ustedes trabajen con nosotros para presentar los argumentos a favor de una paz duradera. Los copresidentes tienen el mandato para facilitar las negociaciones, pero todos deberíamos apoyar a los ciudadanos, líderes seculares o religiosos, organizaciones no gubernamentales, medios de prensa y otros entes comprometidos, que están trabajando en pos de estas metas. Una paz duradera no debe ser construida sobre un pedazo de papel, sino sobre la confianza y la participación del pueblo de ambos países.

Trabajemos juntos para que se exija la paz. Exijamos los beneficios que una paz duradera traerá a la gente en toda la región.

Fuente: http://www.state.gov/p/eur/rls/rm/2014/may/225707.htm

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