Saber pensar

Saber pensar

La filosofía es una materia imprescindible en la Enseñanza Secundaria. Precisamente, uno de los problemas principales, en la formación de niños y  adolescentes, es que comprendan realmente los contenidos que leen y que logren el nivel que corresponde a cada curso. Esto también sucede en la Enseñanza Primaria.

En la Educación Secundaria Obligatoria la función de la formación filosófica o ética es primordial, con la finalidad de que entiendan el lenguaje y también el mundo en el que vivimos, en toda su complejidad y diversidad.  Es absurdo que se reduzcan las horas de formación ética en la ESO. Y también es necesario, al menos, que se impartiera Filosofía como optativa en cuarto de la ESO.

Sin el dominio de las habilidades de lectura y escritura esto no es realmente posible, de la manera que es deseable. El aprender a pensar no se logra de la noche a la mañana, ya que es un proceso largo en el tiempo. La capacidad de reflexionar o pensar requiere de mucho esfuerzo y atención y esto es precisamente lo que suele faltar, en una sociedad de la diversión, como es en la que actualmente vivimos.

A pensar se aprende entendiendo lo que se lee, con diferentes niveles de dificultad y también escribiendo. En una cultura de la imagen se necesita cada vez más filosofía, para que el alumnado refuerce o potencie su entendimiento y de esta forma sea capaz de ser más creativo.

El pensamiento concreto es importante especialmente en Primaria, pero en Secundaria los alumnos tienen que saber buscar respuestas a las preguntas planteadas en las clases, de una manera autónoma y sin recurrir para todo a Internet. Deben saber pensar de modo propio, aún a riesgo de equivocarse o no acertar del todo. El ensayo y error forma parte también de la actividad de los aprendizajes, hasta un cierto punto.

El aprendizaje por proyectos que, en principio, es muy útil también requiere de un mínimo de conocimientos para dar resultados. Si no es así, lo que sucede es que habría que impartir el doble de clases cada curso académico o más, para que los alumnos  lograran un progreso o un desarrollo competencial y académico, acorde con el curso en el que están matriculados.

El desarrollo cognitivo, que tan magistralmente investigó el psicólogo suizo Piaget, establece que la etapa del pensamiento formal o abstracto comienza a los  13 o 14 años aproximadamente. Es un periodo en el que los adolescentes ya pueden pensar como un adulto y   suponer hipótesis. Es la teoría, pero en la realidad actual esto, en muchos casos, no sucede.

Si se quiere acelerar el avance cognitivo de los estudiantes de los centros educativos es necesaria la filosofía, porque potencia la habilidad para conectar ideas  que es algo esencial,  en lo que  fallan muchos alumnos.

Los procesos de aprendizaje requieren concentración y también mucho interés y curiosidad. La motivación es clave para aprender. Además, la capacidad de investigar también la desarrolla la filosofía, porque el pensamiento o la reflexión, la crítica y el análisis se pueden aplicar a todo lo que nos rodea y a cualquier clase de conocimiento o saber.

La preparación que proporciona el saber filosófico, en la formación reglada de los institutos, es básica para que los estudiantes sigan sus estudios, con más aprovechamiento y con mejor rendimiento académico, lo que les dará más posibilidades de lograr sus metas u objetivos, tanto en el presente como en el futuro.

Además, y por si esto no fuera suficiente, también les dará un bagaje cultural magnífico para enfrentarse con confianza, a los desafíos en los que vivirán. Dispondrán de más capacidades, habilidades y recursos cognitivos para mejorar su vida y también ser más felices. Podrán tener una vida más rica y diversa y serán sujetos más libres e innovadores, en todos los sentidos.

Los conocimientos no son algo secundario, aunque la competencia lingüística o matemática, etc., sean esenciales. La reflexión filosófica abarca todo lo real, en todos los aspectos. Nada le es ajeno o extraño a la filosofía. Desde la filosofía de la ciencia a la filosofía del lenguaje, la ética, la política, la religión, la sociología, la economía y la filosofía del arte o de la música.

La psicología, por ejemplo, es una ciencia que se ha desgajado de la filosofía. El mismo Aristóteles que era hijo de médico fue un gran filósofo y biólogo. La interdisciplinariedad la impulsa también la actitud   filosófica.

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