Milagro de Calanda

Milagro de Calanda

En octubre de 1637 a Miguel Joan Pellicer Blasco, le fue amputada la pierna derecha, cuatro dedos más abajo de la rodilla en el Hospital de Gracia de Zaragoza, por el cirujano Joan de Estanga y dicho trozo de pierna fue enterrada.

Desde esa fecha, vive esencialmente de las limosnas que recoge en la puerta de la Ribera de la Basílica del Pilar de Zaragoza. En 1640 vuelve a Calanda, su pueblo natal, a su casa de sus padres. El 29 de marzo, realizó varios trabajos ayudando a su hermano, y al anochecer, a las diez de la noche, en presencia de sus padres, se quitó el trozo de pierna de madera, y se acostó. Al rato sus padres pasan a la habitación y ven que la pierna estaba entera y sana, solo con algunas cicatrices, Miguel Joan Pellicer narró después que había soñado que había estado en la basílica del Pilar y se había restregado la pierna con el aceite que se ofrecía a la virgen…

Después de varios trámites administrativos, por parte de diversas instancias, desde el mismo momento, se empezaron las pesquisas del hecho, con notarios, testigos. Y, el 27 de abril de 1641 el arzobispo Pedro Apaolaza, asesorado por nueve consultores y tras preguntar a veinticinco testigos, se admitió como milagrosa la restitución de la pierna.

Ciertamente, existe mucha más información, que en un modesto artículo no se puede plasmar y materializar pero cualquier lector, puede fácilmente consultarla en Internet y en otros documentos.

Vivimos en un tiempo, en el cual, en pocas generaciones, se ha pasado, quizás en siglos anteriores, ser la población muy crédula o excesivamente confiada, a los momentos actuales, que se ha radicalizado la incredulidad.  Por lo cual, este signo-milagro-misterio extraordinario, como cualquier realidad de este tipo aprobada por la autoridad competente del catolicismo, ha pasado, y pasa por distintos filtros, análisis, estudiosos, investigaciones, documentación. Es decir, no se aprueba cualquier acontecimiento y cualquier hecho.

Cierto es que existen personas que no admiten, que el milagro o estos signos prodigiosos, se puedan realizar o existir, que si algo de esto existe, es porque es un error, una mentira, una alucinación, una falta de datos, o simplemente un engaño o autoengaño y, si todo ello, no se puede obviar, indican, que todavía la ciencia no está suficientemente desarrollada, y que en generaciones futuras o siglos posteriores, se encontrará la razón o causa de esas curaciones o sanaciones, como algunos, quizás, con no buena voluntad indican.

Desde Hume, que negó la realidad de los milagros del Nazareno realizados narrados en los Evangelios. Esas supuestas razones de Hume se han ido repitiendo desde hace casi tres siglos. Pero la realidad, es que la Iglesia Católica, oficialmente, aprueba al menos, una media de varios milagros cada mes.

No podemos narrar, aquí todos los entresijos de estas realidades, que pasan por sucesivas fases, pero sintetizando, una sería, la información general de dichos hechos, una segunda sería el estudio y el análisis por los expertos en la materia, y si éstos indican, que existen suficientes razones y motivos, de que el hecho es real, con documentación, y que con el saber ortodoxo de la ciencia, es inexplicable, pasaría, a la tercera fase, dónde diríamos teólogos y expertos teológicos, analizarían el entronque de ese hecho con Dios, a través de un potencial santo o beato, o por otras intercesiones o peticiones, dentro de la religión, y al final, en cuarto lugar, es aprobado o sancionado por el Pontífice, si se producen todos los anteriores pasos…

La autoridad cristiana católica, no solo es muy prudente, sino demasiado en estos temas. No solo, deja pasar el tiempo y que se sucedan varias condiciones, estudios, análisis, documentación, no solo del hecho, potencialmente milagroso, sino de las razones, de la persona y si ha existido petición o intercesión de Dios. Es decir, si está la mano de Dios detrás. Y, también otras circunstancias. Pero también que por diversas razones, todos estos hechos, no los airea demasiado, quizás, por la prudencia y por otros motivos.

Hoy que las personas, que tanta información reciben, que parte de la población tanto lee, de tantos temas, bien harían y haríamos también, informarnos, con más detalles de estas realidades, y desde luego, leer y pensar sobre estos temas. Porque con una lectura, aunque sea sencilla, pero lenta en el tiempo, paciente, y de meses o algunos años, se va aclarando y perfilando mucho el tema, la percepción y la concepción de estos análisis.

Seamos ateos o agnósticos, o creyentes en religiones no cristianas, o en cultos no católicos, pienso que todo ser humano, tiene el deber y el derecho de acercarse a estos acontecimientos. Porque igual que ante el Himalaya, y aunque nunca vayamos a visitarlo, sabemos que existe, estimo y creo y pienso que esta realidad, este enorme signo-misterio de la realidad del milagro merece, que nos acerquemos a ella.

Por otro lado, dentro del seno del cristianismo, desde el mismo Nazareno, y siglo tras siglo, se ha ido produciendo esta realidad. Bien haríamos, antes de negar, informarnos mejor.

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